Vuelta nocturna del campo, la satisfacción del deber cumplido, la idea de comer una posible pasta, aunque sea un humilde plato de fideos con crema. Pero la noche había deparado otra propuesta parrillera; Chaco la conocía, y a Jorge le cayó de sorpresa. ¡¿Cómo negarse a semejante invitación?! Para impares están los tatuajes... Y, sin pensarlo demasiado, ¡se encaró el número 26! El quincho del amigo Tebi fue el testigo de que las cosas no debían terminar en impar y, con bocado ancho, costillas y matambre de cerdo, se dio lugar finalmente al verdadero broche de oro. 12 amigos y una gran guitarreada final en manos del amigo Lucas -quien les habla-, creador y administrador de este humilde blog, puso el verdadero punto final a esta madre de las locuras. No nos contestaste pero vamos a mover las fichas para que te enteres de alguna forma: ¡26 asados consecutivos, Yayo! Superalo...






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